Estamos ante un mundo que parece mas incomprensible de lo que realmente es, un mundo que pensamos no podemos cambiar, un mundo que solo esta ahí para ser consumido, intentar alterarlo es peor que engañar o matar a alguien, negarlo sería el suicidio. Pero no estamos acá para hablar de lo que todos ya sabemos, de lo que todos hablamos, sentimos, pensamos o hacemos; no escribímos esto solo por el simple hecho de escribir, queremos lograr transmitir en nuestras palabras el cambio, nuestro cambio, nuestro momento de cambiar las cosas. Siempre nos hablaron, cuando éramos pequeños, del famoso: “ustedes son el futuro”, pero al momento de ceder la autoridad que los adultos ejercen en esta sociedad, pareciera que el desafío es imposible, es peor que la droga misma. El poder es un vicio tan grande que sus consecuencias nos tocan a todos en alguna media, nos ciega y nos hunde, nos supera, y entonces nosotros, la generación del cambio, nos conformamos con frases bien armadas, sin sentido, que nunca llegan a cometer su fin. Nos hundimos en los vicios del placer y la diversión mientras el mundo en que vivimos se cae a pedazos y no nos importa nada mas allá de lo que vemos o somos, "total, ya viene la generación del cambio", la que egresa del colegio en 10 años.
¿Cómo pensamos en el cambio cuando no creemos ni en nosotros mismos? Que difícil se hace encontrar una voz que guíe este cambio y aún cuando la encontramos, le damos la espalda porque nos dicen que es difícil y sabemos que lo es. El pobre tipo quiere cambiar las cosas, está loco de remate, si esto fue siempre igual y va a seguír siendolo, preferimos entonces, prender la tele, acomodarnos en la silla y creer en los medios de comunicación, que por su parte, no siguen más que sus propios intereses comerciales y de audiencia, como toda buena actividad privada.
No hay peor censura que no dejar pensar a las nuevas generaciones, no hay peor enfermedad que enseñar a los chicos a ser marionetas de este circo, no hay peor sacrilégio que abortar el pensamiento crítico de los que van a heredar esta sociedad, no hay peor mentira que creernos que UNICEF, la Cruz Roja o la ayuda humanitaria son necesarias, cuando son lisa y llanamente, la mera prueba de que esta sociedad moderna y este modelo han fracasado. Fracaso en el que el egoísmo aparece como más fuerte que el pensar como un colectivo, colectivo en el cual vivimos, fracaso en el que los conceptos de "la opresión del hombre sobre el hombre" y "la supervivencia del mejor adaptado" forman parte de una lógica enfermiza que nos tortura desde que nacemos y que nos dicen, es innato al ser humano, que es así, que está bien, que nos pasamos criticándo y que finalmente, naturalizamos en nuestras actividades diarias, en los deportes, porque nadie quiere perder, nadie quiere ceder, nadie quiere morir…
No podemos llegar a otra conclusión que pensar que aceptamos vivír en este circo sin control, porque nos asustan las utopías, el cambio, porque son las responsables de liberar nuestras mentes, nos permiten crear e imaginar, al entorno y a nosotros mismos, nos permiten replantearnos las cosas, pensar y ver lo pequeños que somos comparados con el colectivo y lo inevitable de nuestra muerte, y al hacerlo, creemos perder el rumbo, pensamos que los problemas son imposibles de resolver cuando son tantos, cuando debe cambiarse la lógica entera del sistema. Y entonces volvemos a la misma inercia de antes, al "¿Por que nos vamos a esforzar para intentar cambiar lo que hay? Es imposible". Y terminamos por solo hacer la parodia de vivír y creer que logramos algo con solo no molestar al prójimo y pagando nuestros impuestos, total ya se encargará la cercana la generación del cambio...
Amigos, tengamos en claro que los problemas siempre estan, en realidad solo cambian, siempre hay nuevas cosas por hacer, nuevas utopías por pensar, sean de caracter individual o colectivas, pero la clave está en ser parte del cambio, en moverse, aunque parezca tan difícil, aunque parezca que este mundo ya está existe simplemente para consumirlo.
Sepamos también, que un solo hombre no puede cambiar este mundo, porque se necesita de un segundo para encontrar al culpable de los errores pasados, un tercero para juzgarlo y un cuarto para prevenir que no vuelvan a cometerse. Pero lo que si puede lograr un hombre, con sus palabras y acciones, es convocar a más como el y activarlos para que juntos, sean defensores de una misma bandera, la del cambio. No pedimos que crean en nosotros, no somos santos ni héroes, pedimos que crean en ustedes mismos, en esa persona que cuando miramos a los ojos tiene un fuego que resiste ser apagado, en esa persona cansada de ver siempre la misma película, pedimos que nos oigan, que oigan a todos y que se oigan a ustedes mismos y que luego critiquen y elijan que quieren creer, queremos que no se callen más nuestras voces, es hora de cambiar, de equivocarnos nosotros mismos, de reconocer y no repetir nuestros errores (quizá sea esta la más ardua tarea), es hora de actuar y llegado el momento, de defender lo que logren y logremos juntos, no esperemos más a la futura generación del cambio, porque nosotros vamos a hacer el cambio. Seamos el cambio y que ellos, la futura generación, perfeccionen lo que hagamos, demos el salto, es nuestro tiempo, llevamos con nosotros la responsabilidad de nuestras vidas y de los que van a venir, amigos, el futuro es hoy.
Quien ha dicho alguna vez que las utopías son imposibles y que es un loco aquel que crea que no lo son, jamás llegará más lejos que aquel a quien creyó loco.
Badano Leandro y Blas Sebastián Saenz


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