Durante estos últimos años el debate político ha resurgido de una manera exponencial como hace tiempo que no pasaba; no hay bar, lugar de trabajo, espacio verde, escuela o en este mismo mundo virtual de la red de redes en donde el debate de lo político no esté presente ya sea como eje central o secundario, hasta en artículos o foros sobre informática aparece la cuestión política de por medio.
Esta necesidad social de volver a hablar sobre cuestiones políticas
es una deuda que comienza a saldarse de a poco desde la vuelta al
régimen democrático. No obstante encontramos que la mayoría de los
debates no finalizan en reflexiones personales o colectivas sobre el o
los temas en puja y mucho menos una posición de consenso entre pares.
Más bien cada uno expone su postura, ataca al otro, se encierra en sí
mismo y con fortuna aparece la frase: “Respeto lo que decís pero no
comparto”. Sin embargo, si el debate no termina con esa suerte se
transforma en una discusión sin fin, y terminamos como cuando
comenzamos: sin nada productivo. Esto es a lo que voy a considerar como
Debates Ideocentristas.
Debates con cero productividad intelectual, y no me refiero a un
debate entre intelectuales, sino a que nadie de los que participó en el
debate terminó haciendo una reflexión, llegó a una conclusión o por lo
menos entendió los argumentos del que no piensa igual a él. Son debates
en los que pareciera que el único propósito es descalificar al otro y
exponer el propio como LA posición, LA solución o LA verdad. Por lo
tanto ¿qué se está debatiendo actualmente?
"Che, entonces nos juntamos a comer un asado, todos traigamos carne y tiremos la sobre el asador, pero eso si, yo solo como de mi carne porque la tuya seguro que la compraste en una carnicería de cuarta."
Al final, ¿para qué debatimos si terminamos comiendo sólo lo nuestro?
Esta es la parte ideocentrista a la cual me refiero, todos hablamos
desde lo que creemos pero sólo nos quedamos con ello.
Concurrimos a un debate para dar nuestra opinión, pero también porque
queremos escuchar la del otro y ver si al final del debate se
encuentra una posición en común. O por lo menos para volver a casa
nutridos de nuevos conocimientos que complementen o modifiquen en parte
la posición con la que llegamos. Ir sólo para exponer tu monólogo de
libreto básico, chicanear al resto y no dejar hablar es discutir y
entorpecer un debate. Cuando todos los que debaten están en dicha posición se transforma el
encuentro inexorablemente en un Debate Ideocentrista; todos con su
discurso armado, golpean al otro en su punto débil, y nos volvemos a
casa sin peso de más.
Esta es la moneda corriente cuando "debaten", esto es a lo que hoy en día llaman "debatir".
Desde mi punto de vista, el debate ideocentrista tiene como positivo que siempre es bueno poder hablar y ser escuchado, que estos debates son productivos para oyentes no participantes, por ejemplo, el último debate para Jefe de Gobierno para CABA realizado en la UBA, es un debate ideocentrista que fue productivo para los que presenciaron en el auditorio y para los que lo vieron por TV para definir su voto o tendencia y por último genera posiciones ideológicas más claras y marcadas. Por el lado de lo negativo tenemos que el poder hablar y ser escuchado no resulta reciproco, que este tipo de debates no terminan de resolver diferencias ni encontrar consenso, se suele recurrir a insultos y que las posiciones ideológicas en ciertos casos rozan el dogmatismo haciendo que sea completamente improductivo el debate.
Espero que entre todos podamos hacer que este tipo de debates ideocentristas comiencen a migrar hacia debates mas sanos y productivos meta que parece lejana pero que es sine qua non para un ámbito democrático más solido y eficiente.
Voy a agregar unas categorías y ejemplos para plasmar mejor mi idea sobre Debate Ideocentrista en unos días.
lunes, 18 de junio de 2012
Cuando el debate es Ideocentrista
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